creatividad
“Hacer complejo lo sencillo, es corriente; hacer sencillo lo complejo, impresionantemente sencillo, eso es creatividad.”
Charles Mingus (visto en Experiencing Information)
Textos sobre "Usabilidad"
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Charles Mingus (visto en Experiencing Information)
Aunque estoy seguro de que la simplicidad, como valor añadido en productos de consumo, puede tener un público, no será en ningún caso el mayoritario. Cuando hablo de simplicidad me refiero a reducir las funciones y posibles usos del producto a las verdaderamente necesarias.
Hoy se publica en interneteo y aparatuquis una viñeta sobre el tema:

Nos puede gustar o no, pero es la sociedad que nos ha tocado vivir.
Otra cosa muy distinta serían los sitios web, en los que la simplicidad es realmente un valor añadido para casi cualquier sitio web. Como ya comenté en véaseademás: Los sitios web no son productos, sino servicios. Los servicios no se adquieren, directamente se experimentan.
Viendo el ranking de webs municipales que publica hoy el ciberpaís (en el que 44 de las analizas superan el test de accesibilidad), y cómo Torres Burriel muestra su satisfacción (con razón) por el lugar que ocupa “la web de su pueblo”, lamentablemente he tenido que acordarme de la de mi pueblo.
En el último curso ya estuvimos echándole un vistazo, y realmente os recomiendo la visita, principalmente a aquellos que tengáis de dar una charla o un curso y queráis presentar un ejemplo de cómo diseñar una web de forma completamente disparatada. (aunque los malos ejemplos de diseño no ayudan a aprender a diseñar, si sirven para dejar claro que el sentido común es el menos común de los sentidos).
Sin duda, el elemento estrella de la web es su menú principal, un auténtico rompecabezas (y no lo digo metafóricamente). De la arquitectura de información mejor no decir nada.
Mientras en esta ciudad se gastaban esfuerzos (y dinero) en que la alhambra saliera elegida entre las nuevas maravillas del mundo (otro ejemplo de ausencia colectiva de sentido común), nadie se planteó cuestiones más relevantes para el ciudadano, como dejar de tener la web municipal (probablemente) menos usable de todas.
Si hay algo que no me canso de repetir en cursos y charlas es que el factor principal que motiva a los usuarios a utilizar un sitio o servicio web es sencillamente su utilidad, es decir, el beneficio o provecho que obtiene de usarlo. La usabilidad (creo recordar que era Dillon quien lo decía) no es más que el grado en el que el usuario puede explotar dicha utilidad. Por eso utilidad y usabilidad se llevan tan bien, y una no tiene sentido sin la otra.
Con la denominada web 2.0 han surgido (o mejor, la web 2.0 surge a partir de) multitud de servicios y productos web con una utilidad potenciada, principalmente porque comunicarse, participar y colaborar son necesidades humanas básicas. Sin embargo también han llegado los monstruos 2.0. Sitios web que incluyen mil nuevos efectos javascript (como previsualizaciones dinámicas de la página destino), tagclouds sin sentido, cien botones diferentes para agregar el sitio a sistemas de bookmarking o lectores de feeds, vídeos incrustados para mostrar contenidos sin valor, ventanitas para chatear directamente con el webmaster, otros tantos botones con símbolos o siglas indescifrables para la mayoría de mortales… y la muerte del logo sin reflejo.
Me recuerdan demasiado a aquellas web 1.0, con botones flash, applets de java para mostrar relojes de agujas, o efectos javascript siguiendo el movimiento del puntero del ratón.
En conclusión. Si vas a incluir algún ‘efecto’ 2.0 en tu sitio, asegúrate que resulta de utilidad para alguien, y que no añade más ruido visual, tiempo de descarga de la página o carga cognitiva para tus usuarios.